Acompaño tránsitos vitales en terapia familiar, de pareja y otras formas de vínculo.
Este es un lugar de encuentro donde el sufrimiento no se reduce a un diagnóstico, sino que se comprende como parte de una historia.
No se trata de salvar ni de dirigir, sino de cuidar la posibilidad de decir, incluso cuando las palabras no aparecen.